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Reflexiones Cristianas.

Esta página trata de rendir homenaje al Dios creador de la vida y a su amado hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que las reflexiones que aquí se colocan, inspiren tu vida y te ayuden a mejorar en todos los aspectos de ella.

 


EL CORAZÓN DEL CIRUJANO
por el Hermano Pablo

corazonEl quirófano estaba iluminado. Los médicos se veían muy diligentes y profesionales. Todo se hallaba pulcro y limpio, tal como debe estar cuando se hacen operaciones al corazón. Y el doctor Juan José Prieto, de Santiago de Chile, le estaba realizando una intervención quirúrgica a un paciente.

De repente, mientras explicaba todo el proceso operatorio, el cirujano sintió un vahido, seguido de un agudo dolor en el pecho, y se desmayó. El doctor Prieto había sido víctima de un infarto. Por suerte para él, lo atendieron de inmediato.

El caso del doctor Prieto comprueba que los médicos se enferman tanto como sus pacientes, y que padecen y soportan los mismos males físicos, morales y espirituales que cualquier ser humano.

El refrán «Médico, cúrate a ti mismo» es muy antiguo. Lo mencionó el Señor Jesucristo un día cuando estaba en la sinagoga de Nazaret. A los que se burlaban de él, les dijo: «Seguramente ustedes me van a citar el proverbio: “¡Médico, cúrate a ti mismo! Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaúm”» (Lucas 4:23).

Jesús había sido criado en Nazaret. Desde niño lo habían visto en esa ciudad, y la gente pensaba que él pretendía ser un maestro entre ellos. Se burlaban de Jesús porque eran incrédulos y obstinados. De ahí las palabras de sarcasmo: «¡Médico, cúrate a ti mismo!»

Pero a las palabras de este refrán se les puede dar otra aplicación, no en sentido de burla sino en la forma más literal posible. Como ejemplos tenemos al profesor que les aconseja a sus estudiantes a proceder de cierta manera, mientras que él hace lo opuesto; al policía que le aplica a algunos la ley al pie de la letra, mientras que a otros —los que tienen con qué «comprarlo»—, les concede toda la libertad que desean; y al padre que demanda de su hijo absoluta rectitud y moralidad, mientras que él mismo le es infiel a su esposa, que es la madre de ese hijo. En esos casos no hay duda de que cabe la sentencia: «¡Médico, cúrate a ti mismo!»

Las exigencias que les imponemos a otros ¿las cumplimos nosotros? Si sabemos lo que es bueno, sano y recto, debemos poder hacerlo. No es posible seguir ejemplos que no existen. Con Cristo en el corazón somos como el médico que obedece lo que él mismo aconseja. El Señor da la motivación y la fuerza. Entreguémosle nuestro corazón a Cristo, y Él nos dará una vida nueva.

La historia de Shay.

En el transcurso de una cena de una obra de caridad, el padre de un niño minusválido pronunció un discurso inolvidable...
Shay
Es este:
Decimos que Dios hace todo con perfección ...
¿ Dónde está la perfección en Shay, mi hijo?

Mi hijo no puede comprender las cosas como otros niños. Mi hijo no puede recordar como otros niños ...

¿ Dónde está pues la perfección de Dios?

Creo que creando a un niño retrasado como mi hijo, la perfección que busca Dios es:

¿Cómo reaccionamos con este niño? ...

He aquí una pequeña anécdota para ilustrar mis declaraciones.

Un día estabamos viendo a un grupo de jóvenes jugando beisbol. En eso Shay me dijo: " ¿ Piensas que me dejarían jugar? ".

Sabía que Shay no era la clase de compañero de equipo que los chicos buscan normalmente, pero esperaba a pesar de todo que se le permitiera jugar.

Pedí pues a uno de los jugadores de campo si podían dejar que Shay participara.
El jugador reflexiona algunos instantes y dice:

"Perdemos por seis carreras y estamos en la octava entrada, creo que puede formar parte del equipo y tener la oportunidad de batear en la novena entrada. "

Shay lanzó un suspiro enorme.

Le dijimos a Shay que se pusiera su guante y que tomara posición.

Al final de la octava, el equipo de Shay anotó pero todavía había una diferencia de tres carreras. ¡Hacia el final de la novena entrada, el equipo de Shay anota otra carrera!
El equipo tiene ahora dos carreras de diferencia y todavía una posibilidad de llevarse el partido ...

Cosa asombrosa, le dan el bate.
Todos saben que es casi imposible ganar porque Shay no sabe ni cómo coger el bate, ni cómo golpear una pelota.

Cuando Shay se colocó sobre la zona de recepción, el lanzador se acerca algunos pasos y lanza la pelota bastante despacio para que Shay pueda por lo menos tocarla con el bate.

Shay batea torpemente el primer lanzamiento, sin éxito. Uno de sus compañeros de equipo viene en su ayuda y los dos agarran el bate, esperando el próximo lanzamiento.

El lanzador se acerca un poco más y muy despacio le echa la pelota a Shay.

Con su compañero de equipo, Shay golpea la pelota que rueda hacia el lanzador que la recoge.
Habría podido fácilmente lanzarla a la primera base, eliminar de cualquier manera a Shay y haber acabado el juego.

Pero en vez de eso, el pitcher lanza la pelota muy alta en el campo, lejos de la primera base.

Todos ellos se echan a gritar:

" ¡ Corre a la primera base, Shay!
¡ Corre a la primera base! "

Jamás habría tenido la oportunidad de correr a la primera base.

Shay galopa a lo largo de la línea de fondo, totalmente asombrado. Cuando logra la primera base, el receptor de la derecha tiene entre manos la pelota; podría fácilmente lanzarla a la segunda base, lo que eliminaría a Shay que no deja de correr. Pero lanza la pelota arriba hacia la tercera base y todos gritan:

" ¡ Corre a la segunda! ¡ Corre a la segunda ! "

Los corredores delante de Shay se acercan a la segunda base, el adversario se dirige hacia la tercera base y exclama:

" ¡ Corre a la tercera! "

Cuando Shay pasa por la tercera, los jóvenes de ambos equipos le siguen exclamando:

" ¡ Haz todo el circuito, Shay ! "

Shay completa el circuito, alcanza la zona de recepción y los jugadores le levantan sobre sus hombros.

¡ Shay es un héroe !

Acaba de hacer una gran carrera y de ganar el partido para el equipo.
-------
Todo ese día estuvo su padre con lágrimas en los ojos.
" Estos 18 chicos alcanzaron su propio nivel de la perfección de Dios. "

La paradoja de hoy es que:

- tenemos la paciencia de construir grandes edificios
pero no la paciencia suficiente para controlar su cólera.

tenemos caminos anchos,
pero puntos de vista estrechos ...

- gastamos más,
pero poseemos menos ...

-habitamos casas más grandes,
pero las familias son más pequeñas ...

-gozamos de más comodidades,
pero no tenemos tiempo libre ...

-acumulamos más diplomas,
pero damos prueba de menos lógica, menos discernimiento ...

- multiplicamos los activos,
pero disminuimos sus valores ...

la ciencia permite vivir más tiempo,
pero priorizamos la cantidad sobre la calidad,
y para muchos de nosotros, la vida resulta
triste y monótona ...

hicimos el viaje ida y vuelta hacia la luna, pero
tenemos la dificultad en atravesar la calle para presentarse a su vecino ...

Reflexiones - Disfrutar de la vida  DISFRUTAR DE LA VIDA.

Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a sus barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

-Porqué ? no has salido a pescar? le preguntó el hombre emprendedor.

-Porque ya he pescado bastante por hoy..¡ -respondió el apacible pescador.

-Porqué? no pescas más de lo que necesitas?

-insistió el industrial.

-Y qué iba a hacer con ello? -preguntó a su vez el pescador.

-Ganarías más dinero. Fue la respuesta. podrías poner un motor nuevo que haría más potente a tu barca.

Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas. Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

-Y que haría entonces? -preguntó de nuevo el pescador.

-Podrías sentarte y disfrutar de la vida respondió el hombre emprendedor.

-Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? -respondió sonriendo el apacible pescador.-- ¡eso es precisamente lo que hago!


Contentarse con la vida que Dios nos ha concedido es disfrutar la mayor de las riquezas.

I Timoteo 6:6
Un hombre, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento.

Dos reflexiones para Semana Santa

EL GALLO DE LA PASIÓN.
Por: Carlos Rey.

Me dijeron: —¿Lo conoces?
Respondí: —No sé quién es.
Y el gallo, que me escuchaba,
cantó, por primera vez,
con una voz tan  potente
que, sobre la tierra fiel,
arrastraba como un viento
mis promesas de papel.
El gallo cantó tres veces,
y otras tantas te negué.
—¿Estabas con Jesucristo?
—Jamás estuve con él.
Y el gallo, que me escuchaba,
cantó por segunda vez,
conmoviendo con su canto
la tierra bajo mis pies,
pero no el alma dormida
como una piedra en mi ser.
El gallo cantó tres veces,
y otras tantas te negué.
—¿Eres uno de los suyos?
—Ni lo soy ni lo seré.
Y el gallo, que me escuchaba,
cantó por tercera vez,
para que el mundo supiera
que ya estaba por nacer
un día que no sería
de arena, como mi fe.
El gallo cantó tres veces,
y otras tantas te negué.
Después de escuchar tres veces
mi traición y el canto aquél,
el Señor clavó los ojos
en mi corazón infiel,
y los hundió tan adentro
que de dolor desperté,
y ante la noche sagrada
lloré por primera vez.
El gallo cantó tres veces,
y otras tantas te negué. 1
Así narra en verso el poeta argentino Francisco Luis Bernárdez la historia del gallo de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Lo hace de manera excepcional desde el punto de vista del apóstol Pedro: el mismo Pedro que quiso caminar con Cristo sobre el lago de Galilea, pero no tuvo suficiente fe para lograrlo; 2 el mismo Pedro que no pudo mantenerse despierto en el huerto de Getsemaní mientras Cristo velaba en oración; 3 el mismo Pedro que, por no comprender que Cristo tenía que morir por los pecados del mundo, le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote cuando Judas entregó a Cristo en manos de sus enemigos. 4
Esa misma noche, mientras aquellos enemigos procesaban a Cristo injustamente a fin de crucificarlo, Pedro lo negó tres veces, 5 ¡a pesar de que Cristo mismo le había dicho que iba a hacerlo y Pedro le había asegurado que eso jamás sucedería! 6 Pero esa es la parte del relato de Bernárdez que ha hecho historia, acuñada en dichos y refranes, que conocen hasta los que no son seguidores de Cristo.

EL PROFESOR.

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.

  Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:
    - Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.
 
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.
  El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:
    - ¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?
 
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
  - Por supuesto que no. - contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.
  - Bueno, -prosiguió el profesor, - cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.
  - No entiendo a qué se refiere. - dijo el alumno confundido.
- Muy sencillo, -replicó el profesor-,
  Tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.
  - Muchacho, -concluyó el profesor en tono gentil-,
  Tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.
 
Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que lo decidas cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.
 
Para buscar pues, la calma Interior, no vayan donde todo es calma sino donde no hay paz, y sean ustedes la paz. De esta forma la encontrarán al darla, y la tendrán en la medida en que vean que otros necesitan de ustedes para calmarse.

 

ATRAVESADO POR SIETE VARILLAS DE HIERRO

por el Hermano Pablo

John White, obrero de construcción, de veinticinco años de edad, cayó de un andamio en su trabajo en Charleston, Carolina del Norte, Estados Unidos. La caída en sí, de más de quince metros, era suficiente para que muriera, pero lo que empeoró la situación fue que cayó sobre varillas de hierro que estaban de punta. Un cuñado suyo, trabajando a su lado, lo vio caer y sólo tuvo tiempo de clamar: «¡Dios mío, no lo dejes morir!»

Siete varillas le atravesaron el cuerpo. Dos de ellas debieran haber sido mortales. Una le entró por la clavícula, rozando el corazón. Otra le entró por la ingle, rozando la arteria femoral. Las otras cinco ofrecían menos peligro, pero hubo que cortarlas todas con acetileno para librar a John y llevarlo al hospital. Tras cuatro horas de cirugía quedó fuera de peligro.

Como tantas historias de accidentes, esta también tenía sus antecedentes sombríos. John White estaba enemistado con Virginia, su esposa. Había amenazas de divorcio. Sus dos hijos, Miguelito de siete, y Rut de tres, tenían que aguantar la constante lucha de sus padres. Miguelito ya estaba diciendo que no quería seguir viviendo. Tras esta horrible situación hogareña se produjo el accidente.

No se sabe si fue el clamor del cuñado: «¡Dios mío, no lo dejes morir!», o el trauma mismo del accidente, pero algo bueno comenzó a ocurrir. Al ver Virginia la condición de John, no cesaba de estar a su lado. Y al ver John la atención de Virginia, no podía menos que derretírsele el corazón. Como quiera, John se reconcilió con su esposa y se unió otra vez a la familia.

Dos años después John consiguió un buen empleo, Virginia volvió a quedar embarazada, y su hogar se había convertido en todo un remanso de paz.

¿Tuvo este hombre que ser atravesado por siete varillas de hierro para recomponer su vida? La respuesta es clara. Uno no tiene que ser traspasado de problemas para poder recapacitar y enmendar sentimientos y caminos. En cualquier momento, en plena paz, el hombre puede reconocer que no está andando bien, y volver sobre sus pasos.

Tal vez necesitemos hacer un examen de conciencia. ¿Estamos peleando con nuestra esposa? ¿Nos extrañan nuestros hijos? ¿O representamos más bien al hijo que ha abandonado el hogar? ¿Acaso habremos hecho algo en contra de la justicia? No esperemos a que ocurra un accidente. Quizá no salgamos con vida. Busquemos hoy mismo a Jesucristo. Él vendrá en nuestro auxilio. Él quiere darnos su paz.

 

Un Gesto 


Un día, después de las clases, al caminar Marcos desde la escuela hacia su casa, observó cuando un joven delante de él se tropezó, dejando caer libros, dos abrigos, un bate de pelota, guantes y una pequeña grabadora. Agachándose, Marcos ayudó al joven a recoger los artículos regados. Ya que iban en la misma dirección, también se llevó una parte de la carga.
Reflexiones - Un Gesto
Al seguir caminando juntos, Marcos supo que el joven se llamaba Guillermo, y que a él le gustaban mucho los juegos de video, pelota e historia, pero que tenía bastante problema con algunas asignaturas. Además, acababa de romper con su novia. Llegados a la casa de Guillermo, este invitó a Marcos a entrar. Tomando refrescos y mirando televisión, pasaron una tarde placentera, riéndose un poco y charlando. Entonces, Marcos se fue para su casa.

Estos dos seguían viéndose en la escuela, almorzando juntos en dos o tres ocasiones. Ambos se graduaron de la escuela intermedia, y terminaron yendo a la misma escuela superior, donde, a través del tiempo, conversaban brevemente de vez en cuando.

Tres semanas antes de la fecha para la graduación de la escuela superior, Guillermo se acerca a Marcos, indicándole que quisiera contarle algo. Le recordó aquel día años atrás cuando primero se conocieron, preguntándole: “¿No sentías curiosidad al observar que estaba cargando tantas cosas para mi casa aquel día? Ves: había sacado todo de mi armario, pues no quería que cualquier otra persona tuviera que bregar con mis motetes.

Había sustraído una cantidad de las cápsulas para dormir que tomaba mi mamá, e iba para mi casa con la intención de suicidarme. Pero, después de pasar un rato contigo, charlando y riendo, comprendí que, de haberme quitado la vida, hubiese perdido aquella experiencia, con las demás semejantes que se presentasen en el futuro.

Ya ves, Marcos, aquel día, hiciste mucho más que ayudarme con los libros. ¡Me salvaste la vida!”

Todo saludo afectuoso, toda sonrisa, aunque pequeña, todo gesto de ayuda, puede que sane o salve un corazón adolorido.


Proverbios 17:17
En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.

Proverbios 18:24
El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.

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19 feb 08

EL ÚLTIMO PASEO DE FUMIKO KIMURA
por el Hermano Pablo

Parecía un paseo por la playa como tantos otros. Las olas del Océano Pacífico venían a romper, cansadas de tanto vaivén, en las costas de Santa Mónica, California. El rojizo sol del otoño se ocultaba en el horizonte, allá por donde se esconde el Japón.

Fumiko Kimura, japonesa de treinta y dos años de edad, se detuvo en la playa. Tenía en sus brazos a la pequeña Yuri, de seis meses de edad, y a su lado, tomado de la mano, a su hijito Kusutaka, de cuatro años. Después de mirar largo rato al sol poniente y al horizonte, caminó en línea directa, introduciéndose en el Pacífico.

Fue un suicidio a la manera de las mujeres japonesas: caminando mar adentro. Con graves problemas matrimoniales, y nostálgica de su país de origen, Fumiko hizo su último paseo.

Este es un caso más de un matrimonio que se viene al suelo. Un caso más de una madre que se elimina junto con sus hijos. Un caso más de un ser humano que, bajo una tremenda carga emocional, le niega a Dios la última oportunidad.

Antes que Fumiko se entregara a las olas del Pacífico, su matrimonio ya había naufragado. Tenía ocho años de casada y su esposo era dueño de un lujoso restaurante, con una holgada posición económica. No obstante, su matrimonio se había hundido en las olas del fracaso.

Son muchos los matrimonios que están, en este mismo momento, pasando a través de olas agitadas, de fuertes tormentas y rudas tempestades. Son muchos los que están luchando para no encallar en arrecifes o naufragar de una vez por todas. Las estadísticas nos dan a entender que en algunos países se está desbaratando uno de cada dos matrimonios. ¿Será el nuestro uno de ellos?

¿Qué podemos hacer ante fuerzas casi incontrolables? ¿Caminar hacia las olas suicidas como lo hizo Fumiko? ¿Tomar veneno juntos, como hacen otros? ¿Subirnos al auto y conducirlo a toda velocidad buscando la muerte? ¿Tirarnos de un puente y así decirle adiós al mundo? ¿Será esta la solución al dolor de nuestra alma? ¡De ninguna manera! El suicidio es la derrota más grande de la vida.

La solución para un matrimonio en problemas está en hacer de Cristo el Señor del hogar. Ha habido miles de matrimonios que han encontrado la solución a sus problemas en Cristo. No hay matrimonio que se pierda cuando le entrega las riendas a Jesucristo. Busquemos a Cristo. Él tiene el poder para rescatar nuestro matrimonio y hacerlo nuevo. Busquémoslo de todo corazón.

 

 

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